Aquí les dejo la lista de los alimentos perfectos para proteger tu sistema inmunológico.

Aquí les dejo la lista de los alimentos perfectos para proteger tu sistema inmunológico.

El sistema inmunológico es un conjunto de mecanismos que protegen al organismo de infecciones causadas por parásitos, hongos, virus y bacterias del exterior y del propio organismo. Está conformado por células que requieren una nutrición completa para funcionar y, por lo tanto, tener un sistema inmunológico fuerte es la mejor arma para permanecer libre de enfermedades.

El American Cancer Institute dice que si los estadounidenses comieran cinco porciones de frutas y verduras por día, el porcentaje de cáncer podría bajar hasta en un 20 por ciento. Los compuestos en vegetales ayudan a mejorar el sistema inmune que ayuda al cuerpo a protegerse contra el cáncer y otras enfermedades.

Más vale prevenir que curar y para eso nada mejor que una buena, rica, sana y variada alimentación a modo de prevención. Reforzar nuestras defensas, nuestro sistema inmune, tendrá a medio y largo plazo muchas ventajas. La clave reside en saber que alimentos van a ayudar a nuestro sistema inmune y como debemos consumirlos para optimizar todas las proteínas, vitaminas y minerales que tengan.

Los motivos más comunes por los que las defensas bajan, son la alimentación desbalanceada, los cambios bruscos de temperatura, el estrés, la falta de ejercicio y el mal descanso. Para evitar que estos factores debilitan el organismo, la medicina natural recomienda que, aparte de cambiar hábitos y situaciones cotidianas, se debe tener una alimentación apropiada.

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Ajo.

En pruebas realizadas en laboratorios, investigadores han comprobado que el ajo tiene propiedades que permiten combatir las infecciones, las bacterias, los virus y los hongos.

Aunque se necesitan más estudios para determinar los beneficios específicos de esta planta en los seres humanos, una investigación realizada en países del sur de Europa encontró un vínculo entre la frecuencia en el consumo de ajo y cebolla y un riesgo menor en el desarrollo de ciertos tipos de cáncer.

Según WebMD, un sitio web estadounidense con información acerca de aspectos relacionados con la salud, el ajo tiene una variedad de antioxidantes que ataca a los “invasores” del sistema inmunitario.

“Uno de sus blancos es el Helicobacter Pylori, una bacteria asociada con algunas úlceras y con el cáncer de estómago”. Además, es un alimento muy beneficioso para el corazón ya que impide que las plaquetas se peguen entre sí y bloqueen los vasos sanguíneos.

Vegetales crucíferos.

Los vegetales crucíferos incluyen la rúcula, el brócoli, la col, la coliflor, los vegetales verdes y los rábanos. La mayoría de las personas consumen las hojas o porciones con flor de los vegetales crucíferos.

Un estudio publicado en el periódico “Integrative Cáncer Therapies” en marzo de 2004 descubrió que una sustancia que se encuentra en los vegetales crucíferos llamada glucosinolato produce compuestos en el cuerpo humano que tienen propiedades anti cancerígenas. Los carotenoides son otra sustancia presente en los vegetales crucíferos. “The Journal of Nutrition” publicó un estudio en enero de 2004 en el que encontraron que los carotenoides ayudan a regular la función inmune y podrían jugar un papel en la prevención del cáncer.

Frutas cítricas.

Según un artículo de la Biblioteca Nacional de Medicina de EE.UU., los refriados de la gente que consume vitamina C regularmente pueden durar menos tiempo y, además, sus síntomas suelen ser menos severos.

“En los adultos, la duración se reduce en 8% y en los niños en 13,6%. Diferentes estudios han demostrado que si en los meses de invierno se van a realizar actividades físicas exigentes o se va a estar expuesto a frío intenso, el consumo de vitamina C disminuye a la mitad la posibilidad de contraer un resfrío”, Se debe considerar, sin embargo, que una vez que se tiene la enfermedad, no tiene efectos terapéuticos.

Adicionalmente, la vitamina C es importante para la formación de proteínas que se usan en la piel, los tendones, los ligamentos y los vasos sanguíneos.

También ayuda a la cicatrización de heridas y a la reparación de cartílagos, huesos y dientes.

Cebollas.

Las cebollas contienen quera cetina, una sustancia que ha sido estudiada por sus efectos positivos en el sistema inmune humano. En un estudio publicado por el “European Journal of Clinical Nutrition” en febrero de 1999,

las personas que comieron 225 gramos de cebollas fritas en una comida experimentaron un incremento en la actividad de antioxidantes debido a la queracetina en las cebollas. El “Journal of Cellular Boichemistry” publicó hallazgos en enero de 2009 que mostraron que dosis aún menores de queracetina tienen propiedades preventivas del cáncer. Hay entre 22,40 y 51,82 miligramos de queracetina en una cebolla de tamaño mediano.

Pimientos.

De acuerdo con un estudio publicado en el “Journal of Food Science” en marzo de 2007, los pimientos verdes, amarillos, naranjas y verdes contienen compuestos antioxidantes como los fenólicos, beta caroteno, queracetina, capsantina y liteolina.

Los antioxidantes naturales como los que se encuentran en los pimientos ayudan al sistema inmune a prevenir el daño celular. La falta de antioxidantes puede dañar a las células del sistema inmune. Sin embargo, todos los pimientos en el estudio mostraron tener efectos similares en el sistema inmune a pesar de sus diferentes concentraciones de antioxidantes.

Tomates.

Los tomates o jitomates contienen un carotenoide llamado lipoceno que tiene propiedades antioxidantes. Además de los tomates, el lipoceno se encuentra en productos de tomate como cátsup, salsa de espagueti, sopa de tomate y pasta de tomate.

Un estudio publicado en los “Archives of Biochemistry and Biophysics” en noviembre de 1989 encontró que las propiedades antioxidantes del lipoceno podrían ayudar a proteger a los humanos del cáncer. Otro estudio publicado en “The American Journal of Clinical Nutrition” en enero de 1985 descubrió que los participantes que comían más jitomates y otros vegetales verdes o amarillos tenían las probabilidades más bajas de tener cáncer.

Yogur.

Al igual que otros productos lácteos fermentados, este alimento tiene probióticos, también conocidos como “bacterias buenas”. Los productos lácteos fermentados tienen “bacterias buenas”. Se definen como microorganismos vivos que, cuando se administran en la cantidad adecuada, son capaces de regular la respuesta inmune, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés).

Los probióticos tienen varios beneficios para los seres humanos, entre ellos la prevención de resfriados y gripes, o la disminución de la severidad de los síntomas si la enfermedad no se puede evitar, de acuerdo a un artículo de la Clínica Mayo, en Estados Unidos.

Según el mismo documento, las “bacterias buenas” también ayudan a prevenir infecciones vaginales, del tracto urinario y aceleran la recuperación de ciertas infecciones intestinales, como el síndrome del intestino irritable

Moluscos.

Estos animales marinos, que pueden estar desnudos o cubiertos por una concha, contienen zinc, un elemento esencial para las células del sistema inmune.

Según un artículo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, cuando en el cuerpo humano existe una deficiencia de este químico, las células Te (o linfocitos), que coordinan la respuesta inmune celular, dejan de funcionar como es debido.

Sin embargo, es importante tener que en cuenta que el exceso de esta sustancia puede inhibir el mecanismo que defiende al organismo de las enfermedades.

Según el Servicio de Salud Nacional de Reino Unido (NHS, por sus siglas en inglés), la cantidad de zinc recomendada diariamente para las mujeres se encuentra entre 4 y 7 miligramos y para los hombres entre 5 y 9 miligramos.

Vitamina E: el consumo usual de esta vitamina refuerza el sistema inmunológico.

Alimentos ricos en este nutriente: aceite y germen de trigo, aguacate, brócoli, aceite de soya, aceite de oliva, cereales o granos, vegetales de hojas verdes y frutos secos.

Vitamina A: juega un papel relevante en la defensa del cuerpo contra las infecciones y en la conservación de las defensas naturales. Alimentos ricos en este nutriente: zanahoria, espárragos, albahaca, calabaza, cilantro, hígado, huevos, lácteos y sus derivados.

Ácido fólico: se localiza mayormente en verduras de hojas verdes, legumbres verdes, frutas, cereales e hígado.

Vitamina B12: mayor concentración en el hígado y los mariscos, encontrándose también en la carne, el pescado, los huevos y los productos lácteos.

Otras vitaminas del grupo B: se obtienen de los cereales integrales como la avena, trigo, cebada; frutos secos; y hortalizas como repollo, rábano, lechuga, espinaca y coliflor.

La falta de las vitaminas del grupo B produce una baja considerable en las defensas.

Hierro: la carencia de hierro es parcialmente habitual y perjudica especialmente a jóvenes y mujeres embarazadas, reduciendo la reproducción celular y las defensas.

Alimentos ricos en este nutriente: carnes, pescados, hígado, huevo y lácteos (aunque en menor cantidad).

Zinc: la falta de zinc es común en niños, mujeres embarazadas, lactantes, ancianos y personas vegetarianas o que hacen dietas bajas en calorías. Su carencia repercute principalmente en la respuesta inmunológica.

Alimentos ricos en este nutriente: hígado, mariscos, semillas de calabaza, legumbres, frutos secos, carnes, pescados, huevos, lácteos y cereales.

Selenio: la carencia de selenio produce una disminución en la función bactericida de las defensas naturales frente a ciertas toxinas.

Alimentos ricos en este nutriente: pescados, mariscos, carne, cereales integrales, avena, levadura de cerveza, ajo, huevos, frutas y verduras.

Recuerda que alimentarte adecuadamente y hacer actividad física ayudan a tu organismo a mantenerse lejos de las enfermedades mente sana cuerpo sano.

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